(casi) se acabó…

La verdad es que no sé en qué huso horario estamos, así que creo que ya cambio el reloj a 00:52, así nos ahorramos problemas con el AVE mañana (u hoy…)

Llevo todo el día con una sensación agridulce en el cuerpo. Por un lado tengo ganas (ya lo dije) de llegar a casa y olvidarme de “el final”, porque, la verdad, prefiero pensar en positivo y considerar que los reencuentros serán bonitos y todo eso… Por el otro… se acabó… (se me están saltando las lágrimas…). Ha llegado ese momento que tan pocas ganas tenía de que llegara, y no me queda más remedio que aceptarlo con resignación (o despresurizar el avión), o mirar hacia adelante y no con la cabeza gacha… para qué engañarse… todo lo vivido es irrepetible, tanto lo bueno como lo malo: la llegada al aeropuerto del Prat a esas horas intempestivas, la anterior noche en vela estirados en el sofá, las caras de todos al despedirse, la maleta y la plastilina de Marta, las escaleras mecánicas hasta el check-in… El pastel de chocolate del avión, el desembarque en Lima, el taxi de 35 soles, el hostal de Miraflores a 5 USD por cabeza, los tacos mexicanos de la primera noche, la litera de Aida, la ducha de agua fría, la embajada (no me quedó muy clara esta parte…), el “y me miró, y me miró”, Piura, “el chófer”, el depa, caras a la expectativa, las postales, Lucila y el Romano. Ñari, la Foresta y la Juanita, Ceviche mixto, arroz con mariscos y seco de chavelo, chelas “a lo peruano”, el mercado, la piel de palta, Telefónica, el espejo, el cantarito de Chulucanas, Catacaos, el Cossto del centro, el estadio, la primera ludoteca…

La cena de intercambio, “pa amb tomàquet i fuet”, “huevos rotos”, tortilla de papas, causa rellena, la música de Juvis, el enfado de Chente, el Huerto, César y Javier bailando, el “quién es qué”, la bomba de agua, las duchas frías, fotos, pelis, cenas fuera, ensaladas, cafés, desayunos de hotel…

Joder, necesitaría 25 páginas para poner las miles de pequeñas cosas que han convertido este viaje en lo que ha sido, desde el primer hasta el último. Han sido 247 días fuera, y cada uno ha sido único, ha tenido cosas buenas y cosas no tan buenas, pero de alguna forma han ido desarrollando lo que ha sido el conjunto de esta aventura a la cual estoy a punto de poner punto y aparte…

Pero no nos pongamos sentimentales que ya habrá tiempo de ellos las próximas semanas.

Ayer la noche en el cerro y la bajada hasta el hotel estuvieron bien, mucho mejor que el aeropuerto de hoy, que me he aburrido como un tonto (menos mal del “doble almuerzo gratuito”, jeje)… al subir al avión me he sentido como fuera de lugar, y no digamos cuando despegaba (además de la sensación de que nos íbamos a estampar porque el trasto iba demasiado lento como para levantarse del suelo)… en fin, un día casi final. Un día casi para olvidar. Un día, casi, para llegar…

…ala…

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Gran Santiago

…la Avenida Alamena (como la Gran Vía en Barcelona) vacía… pa’ rendir tributo al general que murió en Panamá…

…escenas de un funicular…

Finalmente, el concierto no estuvo mal, aunque he de admitir que hay cierto tipo de arte contemporaneo, incluso en música, que no acabo de comprender… pero lo tolero bien, y seguro que después de unas cuantas audiciones lo comprendo mucho mejor y me gusta…

…en lo alto del cerro…

…Andorra, el País dels Pirineus…

Hoy la cosa ha sido llegar al Cerro de San Cristóbal: a pata, por carretera y en teleférico/funicular (bueno, también hay un helipuerto, creo, pero no cuenta). Por el precio, funicular: $2500 (unos 4€) por el trayecto de ida en funicular, ida y vuelta en teleférico pudiendo bajar en las dos estaciones que hay y vuelta otra vez. En total, 6 trayectos. Como ayer: con razón está lleno hasta los topes: no es un “producto de lujo”, como en BCN, sino que es un sitio donde llegar fácilmente, como para ir en familia un finde. Vamos, que ya se podrían aplicar en Barna el Hereu (¿sigue él de alcalde?) y compañía ese “turismo propio2, que resulta que la gente de Barcelona no conoce su ciudad.

…vistas desde lo alto…

Evidentemente, las vistas, una pasada. Como en todo mirador turístico. Resulta que antes de ser turístico era natural y ya existía. La diferencia es que al primero llegó alguien y dijo “ei, aquí podemos fabricar dinero”, y lo llenó de cemento en el suelo y vallas metálicas (o de madera, o de ladrillo, sirven para lo mismo). Después de pasear y meditar un ratito en la cumbre he buscado el teleférico y, oye, divertido. Sobretodo si nunca te has subido a uno o no te acuerdas demasiado. Unas cabinitas individuales (buenos, dos asientos grandes frente a frente… para 4. Pero me refiero a que no eran grandes) que iban saliendo hubiera pasaje o no. Quizá es una obviedad, como para decir “pues claro, ¿qué te creías que era un teleférico?” pero bueno, a mi me ha llamado la atención.

…paseo de los iluminados…

…si algo va, algo viene…

…también con flores…

Después, a medio camino, en la estación central, he paseado un ratito hasta dar con un torreón donde había una exposición de una fundación que lleva desde el 74 trabajando con niños discapacitados. Me he comprado un par de regalitos y he vuelto al funicular para seguir hasta la última estación, que ha resultado estar “al pie de las montañas”, como Marco. Así que he empezado a caminar por el barrio este buscando donde almorzar. Este debe de ser el barrio residencial más pituco de toda la ciudad. Todo casitas con jardín, césped, valla electrificada anti-husmeantes, etc. He visto edificaciones de estilo neoclásico, victoriano, colonial, de la Bauhaus, e incluso algo ¡nórdico!. Era como una exposición viva de arquitectura. Todo en 3 cuadras, entrada libre, lunes a domingo de 00 a 24 horas.

…la creación… …o el apocalipsis…

…5:47…

…retrato de una noche…

Más adelante he dado con un parque donde hay una exposición permanente de escultura (y dale con las expos… como si este verano no fuera suficiente con la de Zaragoza). Se llama el Parque de las Esculturas. Lógico. No se iba a llamar Parque de las Ratas, qué sé yo… Finalmente, he dado con una zona un poco más comercial, y me he parado en una pizzería a comer mi primer “rodizzio” (buffet libre que te van sirviendo poco a poco en la mesa) de algo, tan típico que he visto que es en toda latinoamérica y lo pruebo un día antes de irme… y llevo 8 trozos y ¡está riquísima! Ah, el restaurante se llama “los insaciables”, así que figúrate… juas juas :D

…cuando el sol se apaga, la ciudad se enciende…

…virgen iluminada…

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